Una jueza colombiana ha condenado a 11 años de cárcel a siete exdirectivos de Banadex, una empresa filial de Chiquita Brands en Colombia, por financiar al grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Esta decisión emanó de un comunicado de la Fiscalía colombiana, que logró demostrar que entre 1995 y 2004, empresarios de Chiquita Brands y sus filiales entregaron 1,7 millones de dólares para financiar a las AUC en la región de Urabá, a cambio de seguridad para sus cultivos, instalaciones y trabajadores.
Además de la pena de cárcel, los empresarios bananeros deberán afrontar una multa de aproximadamente 3,4 millones de dólares. Esta condena es histórica, ya que marca la primera vez que altos ejecutivos asociados a Chiquita Brands son condenados por la justicia colombiana. Cabe recordar que en 2007, la empresa había reconocido ante las autoridades estadounidenses que había pagado ese dinero a las AUC, lo que resultó en una multa de 25 millones de dólares.
En junio de 2024, un tribunal de Florida, EE. UU., declaró a la empresa responsable de ocho asesinatos cometidos por paramilitares en Colombia. Chiquita ha argumentado que comenzó a realizar estos pagos luego de que el líder de las AUC en aquel momento, Carlos Castaño, advirtiera que el personal y las propiedades de la empresa podrían sufrir daños si no se entregaba el dinero. Contactada en 2024 por BBC Mundo para más información, la empresa no proporcionó respuesta.
Los pagos a grupos paramilitares en Colombia son solo una de las sombras que empañan la larga historia de la compañía en América Latina.

Un innovador mercado
Chiquita Brands es la heredera de la United Fruit Company, una empresa fundada en 1899 que revolucionó el mundo con su modelo de producción de banano e influyó en la política y la economía de varios países latinoamericanos, al punto que se les empezó a llamar “repúblicas bananeras”. Su negocio ha consistido, desde hace más de 100 años, en llevar bananos frescos desde los países productores, que son necesariamente tropicales, a las mesas de los consumidores de todo el mundo.
En palabras de Peter Chapman, autor del libro Bananas: How the United Fruit Company Shaped the World («Bananos: Cómo la United Fruit Company moldeó el mundo»), la empresa fue la primera de las multinacionales modernas, marcando así un paso clave en la historia del capitalismo.
La United Fruit Company construyó una red de enormes plantaciones que se extendía desde Guatemala hasta Colombia, pasando por Honduras, El Salvador, Belice, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, e incluyendo islas del Caribe como Cuba y Jamaica. Su capacidad para operar, en muchos casos, superaba a la de los gobiernos de esos países.
La empresa fue empleadora de miles de personas, dueña de extensas hectáreas de tierra y, en ocasiones, aliada del gobierno estadounidense, lo que le permitió influir en generar estabilidad o inestabilidad en las regiones donde operaba. Décadas antes de financiar paramilitares, la empresa desempeñó un papel central en la llamada masacre de las bananeras de 1928, también en Colombia, y en el golpe de Estado en Guatemala de 1954.
Este pilar del capitalismo multinacional atravesó una fuerte crisis a mediados de los años 70, pero logró sobrevivir y hoy forma parte del panorama del negocio del banano, vendiendo su producto con la conocida etiqueta azul en supermercados de todo el mundo.
Los inicios: Minor Keith y la United Fruit Company
Antes de convertirse en un magnate bananero, Minor Keith, fundador de United Fruit Company, era un empresario de ferrocarriles. “Solo se interesó en los bananos cuando se dio cuenta de que los trabajadores jamaiquinos que había llevado a Costa Rica para construir el ferrocarril habían traído consigo una producción a pequeña escala de bananos para alimentarse”, explica el periodista y escritor Peter Chapman.
Keith comenzó a experimentar con la producción y el transporte de bananos desde 1873, y lograr que un banano llegara desde Costa Rica hasta Nueva York antes de que se pudriera era una proeza, ya que no existían barcos con refrigeradores. Este tipo de fruta dulce se volvía un lujo, provenía de muy lejos y podía obtenerse todo el año.
En 1899, se fusionó con otra empresa que dominaba el negocio del banano en Jamaica, lo que condujo a la creación de la United Fruit Company.

Las repúblicas bananeras: un poder desmedido
Keith se dio cuenta de que podía ganar dinero con los bananos y comenzó a negociar con el gobierno de Costa Rica para que le concediera terrenos baldíos alejados del centro de poder a cambio de impulsar avances tecnológicos y en infraestructura en esas zonas. Su modelo de funcionamiento, que luego expandió por otros países de Centroamérica y parte de la costa atlántica de Colombia, lo hizo acumular un poder considerable, convirtiéndose casi en un gobierno autónomo.
Treinta años después, la United Fruit Company poseía más de un millón de hectáreas, había construido más de 2.400 kilómetros de ferrocarril y contaba con 90 barcos de vapor, conocidos como la Gran Flota Blanca, que transportaban bananos a Estados Unidos y Europa. Las exportaciones de banano llegaron a alcanzar los 65 millones de racimos al año, lo que le otorgó un monopolio casi absoluto del mercado.
Este poder económico permitió a la empresa influir en el poder político, creando espacio para la corrupción, ya que siempre podían sobornar a las autoridades o favorecer candidatos presidenciales a cambio de apoyo. La empresa mantuvo una relación amigable con el gobierno y, cuando no era así, podía cambiarlo según sus intereses.
La United Fruit Company fue considerada “la representante por excelencia del imperialismo estadounidense en América Latina”, pues controlaba la economía local de los países en los que operaba y explotaba duramente a los trabajadores de las plantaciones.

La masacre de las bananeras: un episodio oscuro
Las condiciones de trabajo en las plantaciones de la United Fruit Company eran extremadamente precarias. Aunque ofrecían una oportunidad laboral y, en algunos casos, salarios altos para atraer mano de obra, no contrataban a los trabajadores directamente, sino a través de terceros. A los empleados se les pagaba por día y no siempre había trabajo disponible, lo que a menudo los llevaba a endeudarse con la misma empresa.
Las condiciones de salubridad eran deplorables, sin ventilación adecuada, agua potable, duchas o retretes. A pesar de las huelgas de 1910, 1918 y 1924, la que estalló el 12 de noviembre de 1928 en la zona bananera de Santa Marta fue masiva, con más de 25.000 trabajadores negándose a cortar los bananos. Durante un mes, la producción y exportación de banano se detuvo mientras los trabajadores exigían negociar.
La United Fruit Company apeló al gobierno conservador de la época, que apoyó a la empresa enviando batallones al lugar. La huelga terminó en una masacre: en la noche del 5 de diciembre, soldados colombianos dispararon sobre huelguistas pacíficos, matando e hiriendo a muchos. Un documento enviado por la embajada de Estados Unidos en Bogotá indicó que el número de trabajadores muertos superó el millar.
El golpe de Estado en Guatemala de 1954
Veinticinco años después, la injerencia de la United Fruit Company en la política latinoamericana llegó a su punto máximo cuando la CIA organizó un golpe de Estado contra el presidente de Guatemala, Jacobo Árbenz, para proteger los intereses de la compañía bananera. Esta operación encubierta fue catalogada internamente en la CIA como PBSUCCESS.
La empresa había estado acostumbrada a trabajar con gobiernos complacientes, y el régimen liberal de Árbenz empezó a incomodarla, dado que fue decidido a expropiar tierras ociosas para dárselas a campesinos. Aprovechando su influencia con el gobierno estadounidense de la época, que estaba en plena ola del macartismo, denunciaron al gobierno de Árbenz como comunista.
Las autoridades estadounidenses desplegaron una
