España será la segunda economía desarrollada que más crezca en 2026, sólo tras EEUU

El 23 de enero de 2026, España se posicionará como la segunda economía desarrollada con mayor crecimiento en el mundo, superando nuevamente la media de la zona euro, según las previsiones de destacados organismos internacionales. Esta afirmación fue uno de los puntos más relevantes discutidos durante el webinar «Perspectivas económicas para el primer semestre del 2026», organizado por la Asociación Española de Directivos (AED).

Según Sofía Rodríguez, economista jefe y subdirectora general de Banco Sabadell, los consensos siguen actualizando al alza las previsiones de crecimiento para España, estableciendo un rango entre el 2,2% y el 2,3%. Esto sitúa al país como la segunda economía desarrollada que más crecerá este año.

Rodríguez explicó que este crecimiento estará respaldado por varios factores, entre ellos, el consumo privado, la solidez del mercado laboral y el aumento demográfico, así como por la inversión derivada de los fondos europeos de recuperación «Next Generation EU» y condiciones financieras aún favorables. Sin embargo, también advirtió sobre la aparición de tensiones y cuellos de botella que requieren cautela, especialmente en el mercado laboral, la vivienda y el sector exterior, donde la creciente demanda de importaciones limita la contribución de las exportaciones al crecimiento.

Por su parte, José Manuel González Parámo, consejero y profesor de economía en IESE, subrayó que aunque el crecimiento global se mantiene, se produce en un entorno más fragmentado y geoeconómico, donde los riesgos pueden materializarse con rapidez.

La guerra híbrida como un fenómeno desestabilizador

El análisis del contexto internacional reveló que la geopolítica es uno de los principales condicionantes del crecimiento económico. Rodríguez destacó que las tensiones entre Estados Unidos y China, la confrontación tecnológica y el conflicto persistente en Ucrania continúan moldeando el panorama global.

Otros riesgos emergen de la guerra híbrida, que incluye ciberataques, interrupciones en infraestructuras críticas y desinformación, lo que repercute directamente en las empresas europeas. «La guerra híbrida es un fenómeno de bajo costo para implementar y altamente desestabilizador», advirtió Rodríguez.

En lo que respecta a la globalización, González Parámo apuntó que no se está observando un proceso de desglobalización, sino más bien una «fragmentación» de los flujos comerciales. Las empresas, en lugar de desmantelar sus cadenas de suministro, están optando por expandir y diversificar estas cadenas, combinando la regionalización con proveedores tradicionales. Este proceso busca aumentar la resiliencia de las empresas, aunque también significa un incremento de los costos de aprovisionamiento, especialmente para las pequeñas y medianas empresas (pymes), que cuentan con menos márgenes para adaptarse a este nuevo contexto.

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