El primer ministro de Francia, François Bayrou, ha generado una gran polémica al proponer la eliminación de dos de los días feriados nacionales con el fin de rescatar las finanzas del país. Como era de esperar, su propuesta del martes de suprimir el Lunes de Pascua y el Día de la Victoria del 8 de mayo provocó protestas tanto de las alas populistas de la izquierda como de la derecha, mientras que los correligionarios centristas y la derecha conservadora expresaron, en el mejor de los casos, un apoyo cauteloso.

Era previsible que en un país con una tradición tan arraigada de protestas obreras, la eliminación repentina de dos días de asueto no fuera fácil de vender. Básicamente, la medida obligaría a hombres y mujeres a trabajar dos días más al año sin aumento salarial. La lógica detrás de esta propuesta es que el aumento de la productividad ayudaría a sacar al país de su cada vez más profundo agujero de deuda.

Cada segundo que pasa, Francia acumula 5.000 euros más de deuda. Actualmente, esta deuda asciende a 3,3 billones de euros. Sin embargo, los franceses están muy apegados a sus jours fériés (días feriados). Cada mayo se espera con alegría, no solo porque se siente la primavera, sino también por la sucesión de fines de semana largos. Si el 1 de mayo (Día del Trabajo) y el 8 de mayo, que marca el final de la Segunda Guerra Mundial, caen en martes o jueves, los fines de semana se convierten en cuatro jornadas libres, ya que el lunes y el viernes se consideran automáticamente días festivos.

A esto hay que añadir la Ascensión (siempre un jueves), el Lunes de Pascua y el Lunes de Pentecostés. Si el calendario eclesiástico lo permite, una Pascua temprana puede combinarse con el 1 o el 8 de mayo para ofrecer no solo un puente, es decir, un fin de semana de cuatro días que abarca un lunes o un viernes, sino un auténtico viaducto de cinco o seis días.

Noviembre es otro mes con feriados, con Todos los Santos el 1 y el Armisticio el 11, los cuales ofrecen un respiro a la melancolía otoñal. Además, están los famosos días «RTT» (Reducción del Tiempo de Trabajo), que muchos obtienen a cambio de trabajar más de las 35 horas semanales legales.

¿Mucho descanso?

Pero antes de caer en la autocomplacencia humorística sobre «esos franceses increíblemente perezosos y su derecho divino al tiempo libre sin fin», es necesario considerar un par de aspectos.

En primer lugar, lejos de la imagen popular, los franceses en realidad tienen menos días festivos nacionales que la media europea. Francia tiene 11, al igual que Alemania y Estados Unidos. Eslovaquia es el país con más días festivos, con 15, mientras que Inglaterra, Gales y los Países Bajos tienen los menos, con 8 días. Irlanda y Dinamarca tienen 10.

En segundo lugar, según la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido, la productividad por trabajador en Francia es un 18% superior a la del Reino Unido, por lo que no se justifica la presunción de que los franceses trabajan menos.

En tercer lugar, no es la primera vez en los últimos años que Francia propone suprimir días festivos nacionales. Ya ha ocurrido antes, y ha funcionado… más o menos. En 2003, el gobierno conservador del presidente Jacques Chirac tomó medidas drásticas tras la mortífera ola de calor de ese verano, que causó la muerte de 15.000 personas. En consecuencia, el primer ministro Jean-Pierre Raffarin decidió convertir el Lunes de Pentecostés en el Día de la Solidaridad. Las personas trabajarían en lugar de tomarse el día libre, y el dinero ganado por los empleadores se destinaría al gobierno para crear un fondo de ayuda para ancianos y discapacitados.

Hubo una gran protesta y, unos años más tarde, el cambio se suavizó, de modo que ahora el Día de la Solidaridad es voluntario. Aunque todo esto es bastante confuso y nadie entiende realmente cómo funciona, el Lunes de Pentecostés sigue generando 3.000 millones de euros cada año en ingresos.

Otro antecedente se remonta a la década de 1950, con Charles de Gaulle. Recién nombrado presidente, en 1959 suprimió el día festivo del 8 de mayo, Día de la Victoria en Europa, alegando que el país no podía permitírselo. Ese día fue restablecido en 1981 por el socialista François Mitterrand.

5.000 euros de deuda por segundo

El actual primer ministro Bayrou pretende eliminar dos días festivos en un audaz intento por reducir la deuda. Así que cuando los legisladores del ala de Los Verdes acusaron a Bayrou de intentar «borrar de la memoria colectiva la erradicación del nazismo», al ministro Benjamin Haddad le resultó muy fácil replicar: «En realidad, fue De Gaulle quien lo hizo primero, y creo recordar que desempeñó un papel importante en la erradicación del nazismo».

Nada de esto significa que Bayrou tenga más posibilidades de que sus propuestas se hagan realidad. El primer ministro se encuentra en una posición de impotencia casi total, dirigiendo un gobierno sin mayoría en el Parlamento, que podría caer en cualquier momento si los grupos de la oposición así lo decidieran. Sin embargo, esta misma impotencia le ha dado a Bayrou la libertad de expresar lo que piensa.

Si hay pocas posibilidades de que sus propuestas presupuestarias sean aprobadas por la Asamblea —y las probabilidades son prácticamente nulas—, es mejor que le diga a los franceses la cruda realidad. La situación económica es grave, afirmó. En estas circunstancias, Bayrou cree que tal vez se debe replantear la forma de vivir. Y, lo que es más importante, la forma de trabajar.

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