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- Autor: Ayelén Oliva, enviada especial a la frontera entre Perú y Bolivia
- Título del autor: BBC News Mundo
- X: @ayelenoliva
- Tiempo de lectura: 2 horas
A unos pasos del mercado central de Desaguadero, en Perú, donde los cortes de carne de vaca cuelgan sin refrigeración y las bolsas de papas se apilan en el suelo, Imelda vende productos que llegan desde Bolivia.
En un puesto callejero, atiende a los compradores que cruzan de un lado al otro de la frontera por el puente internacional que conecta las dos localidades vecinas, ambas llamadas Desaguadero y separadas por un río que lleva el mismo nombre.
Además de naranjas y bananas, Imelda ofrece las codiciadas botellas de aceite de soya refinado que llegan de Santa Cruz de la Sierra, departamento de Bolivia, y que se venden en el sur de Perú al doble del precio del que se consiguen en La Paz.
El aceite es uno de tantos alimentos básicos —como el arroz, los huevos o el pollo— que, aunque se producen en Bolivia, pueden llegar a escasear en los supermercados del país o encontrarse a precios demasiado altos.
Esto se entiende en medio de la delicada situación económica que vive Bolivia, que ha llevado a una inflación interanual del 25%, según datos del Instituto Nacional de Estadística.
Imelda acepta la devaluada moneda boliviana para el aceite cruceño que vende, pero convierte los bolivianos a soles peruanos al tipo de cambio paralelo y redondea el monto en su favor.
En la frontera, la crisis de dólares de Bolivia no solo afecta a los bolivianos, sino también a los peruanos que viven en la zona y que ven cómo los problemas del otro lado del puente impactan en su economía.

Falta de dólares
“No tenemos los recursos económicos de antes”, reconoció el mes pasado desde Desaguadero, en Bolivia, el presidente Luis Arce, también ministro de Economía y Finanzas durante el gobierno de Evo Morales (2006-2019).
La falta de dólares en Bolivia ha creado un mercado de cambio paralelo que amplía la brecha con el tipo de cambio oficial, devalúa la moneda y empuja a muchos bolivianos a cruzar la frontera en busca de divisas.
Tres semanas antes de las elecciones generales en Bolivia, en las calles de Desaguadero, en Perú, se necesitaban 14 bolivianos para comprar un dólar, una cantidad que duplica los 6,9 bolivianos fijados por el Banco Central de Bolivia.
Basta con cruzar el puente que conecta Bolivia con Perú para ver cómo se multiplican del lado peruano las casas de cambio que aceptan bolivianos por soles, dólares e incluso euros. Algo que no se ve del otro lado de la frontera.

Delante de la fila de casas de cambio de vidrios blindados, se extiende sobre la calle una larga hilera de pequeñas mesas de madera, pintadas de verde lima y atendidas por mujeres de pollera, que ofrecen el servicio de compra y venta de monedas bajo el sol del mediodía.
“Ellas también son confiables”, comenta una mujer que atiende en una casa de cambio instalada en un local comercial, que lleva el nombre de una localidad turística a orillas del lago Titicaca, al referirse a las cambistas callejeras.
Las reservas internacionales netas del Banco Central de Bolivia empezaron a bajar durante la última década. Aunque Bolivia experimentó un repunte en los últimos meses, la cifra de 2.807 millones de dólares de reserva es significativamente inferior a los 15.123 millones alcanzados en 2014.
Pero no solo los bolivianos compran divisas en el sur de Perú. También los peruanos, que estudian o trabajan del otro lado, entienden que es un buen momento para comprar bolivianos si tienen gastos que hacer en Bolivia.
“También vienen muchos peruanos que estudian en La Paz a comprar bolivianos para cancelar su deuda con las universidades en las que estudian”, explica uno de los cambistas peruanos detrás del cartel amarillo de Full Dollar.
No cruzar, para no perder
El puente de Desaguadero, antes un simple nexo entre países vecinos, hoy es un reto para los bolivianos que trabajan en Perú, obligados a lidiar con precios altos y una moneda fuerte como el sol peruano.
Policarpio Boya, un conductor boliviano dedicado al transporte pesado de productos agrícolas desde Bolivia hacia el exterior de la Cooperativa Internacional de Transporte de Cochabamba, decidió hace unos meses cambiar su recorrido. “Tres veces salí perdiendo. Muchos transportistas ya dejaron de trabajar y algunos optan por operar desde el lado peruano. Trabajar desde Bolivia para el exterior ya no es rentable”, relata mientras espera un bus que lo lleve a su casa.
Boya abandonó el tramo que conectaba Santa Cruz de la Sierra con Lima en el que transportaba 29 toneladas de soya. Ahora llega hasta la frontera, porque cruzar significa “salir perdiendo”.

La situación que se vive en el lugar no solo afecta a los trabajadores del transporte transfronterizo, sino también a los propietarios y administradores de las empresas bolivianas. Ese es el caso de Esteban Eid, gerente de una empresa dedicada a la comercialización de materiales de construcción que depende de la importación de materia prima desde el exterior.
Desde hace un mes, Eid no puede transportar desde Desaguadero la totalidad de los materiales importados que ingresan por Perú. Los cam
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